
EN SÓLO UN SEGUNDO.
Finalmente se había decidido.
Al fin había reunido todo el valor necesario para hacerlo. Pronto, muy pronto, toda la agonía que había supuesto su vida acabaría.
Ante sí, sólo tres pasos, el inmenso océano azul y doscientos metros de acantilado.
“Es curioso”, pensó, “hoy el cielo y el atardecer están más hermosos que nunca”.
No le dio mayor importancia. Cogió carrerilla…un…dos…tres….batió con su pierna izquierda, como en sus mejores tiempos de atleta en la universidad, y saltó.
Una ligera brisa golpeó su cara al comenzar a caer.
Se preguntó si era verdad aquello que decían de que toda la vida se cruza ante ti en el momento de la muerte…”Bueno, eso lo comprobaré en un instante, y desde luego, dará mayor convicción a mi decisión”…Un breve pensamiento estúpido cruzó su mente “¿Es convicción o convencimiento?”…(Nunca fue demasiado bueno en letras).
Súbitamente ocurrió. Una maraña de recuerdos se agolpó en su cerebro, intentando ordenarse de alguna manera lógica. Recordó vagamente a una joven madre intentando ponerle un anorak rojo. Después la sonrisa de su hermano, recién nacido, en una cuna. Un olor intenso a colonia, y más sonrisas…las de sus padres en una cena navideña especialmente feliz. Aquel año, le habían regalado al fin el coche de carreras con el que tantas noches soñó.
Más metros…más recuerdos. Su abuelo cogiéndolo en brazos y contándole un cuento sencillo pero hermoso, de esos con final feliz…como todos los cuentos. Su primer amigo. Juegos y más risas. La primera mirada furtiva a Claudia, el nerviosismo que sacudió su cuerpo. El tacto de su piel y el aroma de su pelo. El triunfo de haber ganado la medalla de oro en mil quinientos en aquel año de universidad en el que conoció a Blanca. Su primer encuentro con ella. El día de su boda. Pensaba que no podría existir un día más feliz en toda su existencia, hasta que nació Alberto, y después Alba. Una sensación de euforia recorrió todo su ser al pensar en aquellos dos diminutos seres.
Siguió cayendo, pero no era consciente de ello. La sensación que le envolvía le llevaba como en una burbuja de cristal. Continuó recordando. Ahora todo giraba en torno a ellos…el primer diente, las primeras palabras y pasos, sus preguntas curiosas. La sonrisa de Blanca al acostarlos. La mirada de asombro la primera vez que vieron el mar…
De repente, como un lacerante hierro que atravesara su mente, se dio cuenta que ninguno de aquellos recuerdos malos que le atormentaban, ninguna de aquellas pesadillas que no le dejaban dormir, ninguna de las razones que esgrimió para tomar su decisión se había cruzado por sus ojos…en sólo un segundo había entendido lo que importa y lo que no.
Una ligera sonrisa irónica se marcó en su semblante al entender el sentido de su vida, mientras se aproximaba a su
Fin.
David García Cerdán
Como veis este relato es de mi hijo , que quiere que se lo publique en mi blog.
TE QUIERO DAVID!